Volver a estudiar

By | 11/09/2014

La crisis laboral que atraviesa nuestro país ha generado parados de larga duración, jóvenes y no tan jóvenes que, tras varios años sin empleo, optan por buscar una salida a esa situación reciclándose. Es el caso de Alberto Montoya, que en los cuatro años que lleva en el paro ha realizado varios cursillos y el año pasado decidió apuntarse a Grado Superior de Programador Web.

Volver a colgarse la mochila tras verle las orejas al lobo hace que la experiencia sea diferente. Alberto nos cuenta que es el primero de su clase. “Voy a lo que voy, a mi edad no me voy a andar con tonterías”, sentencia. Cuatro años sin encontrar trabajo merman las esperanzas de cualquiera y este guipuzcoano ha depositado todas las suyas en este curso: “Si todo va bien en marzo realizaré las prácticas y hay opciones de quedarme”. Otros alicientes son conseguir una nueva titulación, reciclarse profesionalmente y una rutina que le ayuda a sobrellevar su situación.

Y es que Alberto, a sus 36 años, sigue viviendo en casa de sus padres: “No cobro paro, mis posibilidades de independizarme están cada día más lejos, mis ahorros han desaparecido totalmente y dependo económicamente de mis padres, ambos jubilados”. Aunque sus esperanzas en su futuro laboral son limitadas, no niega que esta experiencia le haya enseñado a apreciar el valor de las cosas.

Sin prestación
Alberto Montoya estudió un módulo FP de Comercio y tiene a sus espaldas dos años y medio de experiencia como administrativo y otros tres como comercial. Hace cuatro años se quedó en paro porque “la empresa en la que trabajaba estaba en el sector de hostelería y con la crisis los ingresos ya no eran los mismos. Empezaron a hacer recortes y al ser yo el último que había entrado era prescindible”. Se quedó sin trabajo y, peor aún, sin prestación por desempleo, por ser autónomo.

“Fue un palo”, reconoce. No obstante, Alberto se tomó esos primeros meses como unas vacaciones adelantadas ya que coincidió con el verano, época con poco movimiento. “Decidí esperar a septiembre para empezar a moverme”, recuerda. Como suele ser habitual, centró su búsqueda en las páginas web de empleo y Lanbide y realizó “una ruta por las ETTs”. Pero sólo logró trabajo para un par de días sueltos.

Desde entonces no ha dejado de formarse y reciclarse para adaptarse al nuevo mercado. Además, admite que “en casa me aburro y tanto tiempo libre da para pensar mucho y eso en esta situación no es bueno”. Así, ha realizado varios cursos de Lanbide, uno de contabilidad y otro de programador, con sus respectivas prácticas; y se presentó a unas oposiciones de Osakidetza, “pero al final es una lotería, mucha gente para muy pocos puestos…”

Buscar trabajo
Aunque ahora su rutina se centre en el Grado Superior, no cesa en su empeño de encontrar trabajo: “Busco ofertas en las páginas webs de empleo, aunque no se actualizan demasiado y las ofertas se repiten cíclicamente y desmoraliza ver que hay tanta gente apuntada a una sola oferta (más de 200 en ocasiones)”, critica. Las ETTs, a las que acudió al principio, las ha desechado: hay mucha demanda y muy poca oferta.

Alberto se queja de que la gran mayoría de trabajos no salen a la luz y son las empresas las que preguntan a sus empleados si conocen a alguien, “así que es bastante importante tener contactos”, reflexiona. Por último, instituciones como Lanbide deberían, a su juicio, mejorar en muchos aspectos: “Cuando vas a que te actualicen el CV lo ponen como a ellos le da la gana, el seguimiento de la gente es bastante malo, hay ‘amiguisimos’, no cuentan contigo para ofertas en las que entras en el perfil… Estoy bastante decepcionado con el servicio que ofrecen en Labide”, sentencia.