Un navarro en Irlanda

By | 24/04/2014

Una de las peores consecuencias de la crisis que nos azota es la fuga de cerebros que estamos padeciendo. Tenemos a la generación mejor formada de las últimas décadas pero no somos capaces de retenerlos por la ausencia de posibilidades laborales. La crisis ha exiliado a miles de ingenieros, enfermeros, médicos, periodistas, biólogos, etc. Para algunos, emigrar pudo ser vocacional. Para otros, como nuestro protagonista de hoy, un giro del destino. El camino puede no ser fácil, pero Aitor Jordana ha encontrado en Dublín la estabilidad que buscaba.

Este navarro estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra, aunque toda su vida laboral ha transcurrido en la prensa escrita. Tras diez años en el Grupo Noticias, seis de ellos en Navarra y cuatro en Gipuzkoa, Aitor se quedó sin trabajo en 2009. “Siempre he tenido la sensación de haber sido uno de los primeros que la crisis se llevó por delante. Me pilló desprevenido, pero sin el desánimo de un parado de larga duración y con la suficiente estabilidad económica para buscar un nuevo trabajo”, relata.

Así, Aitor no se vino abajo a pesar de que el panorama, recuerda, se pintara “muy negro”. Aprovechó su nueva situación para realizar un curso de Diseño Gráfico subvencionado por el INEM, algo que siempre había querido hacer. Tras él llegaron las prácticas, esta vez en El Diario Vasco. Y después, de nuevo, el paro. “La misma situación de buscar, ya con un poco más de desánimo y menos recursos”, admite.

Avatares de la vida, una compañera periodista que atravesaba la misma situación le planteó la idea de buscar trabajo en el extranjero. “Mi nivel de inglés era medio pero consideré que un poco de preparación me sería suficiente para afrontar mi vida en otro idioma”, destaca. Aquella compañera tenía un conocido en Dublín, con el que quedaron en la primavera de 2010. “Y hace ahora cuatro años, sin ni siquiera imaginar el cambio que daría mi vida, compré un billete de ida a Dublín. Sin hipoteca, sin pareja, sin trabajo… ¿por qué no?”.

Trabajos no remunerados
Una vez allí, su principal objetivo a corto plazo fue el inglés, aunque la búsqueda de empleo ocupaba, evidentemente, su rutina diaria. Así, mientras se centraba en mejorar su nivel en la lengua de Shakespeare, logró su primer empleo… no remunerado. “Conseguí mi primer trabajo voluntario en un campamento de verano. No me pagaron, pero tener experiencia laboral en Irlanda ya enriquecía mi CV”, matiza.

Aitor acudió a oficinas de asesoramiento en Dublín donde le recomendaron un programa de ayuda a inmigrantes. Allí le enseñaron desde cómo confeccionar un CV y preparar una entrevista de trabajo hasta el funcionamiento de la sanidad y la educación irlandesa. Y también logró su segundo trabajo no remunerado. “Una de las personas que venían a darnos las charlas informativas era una periodista, con la que estuve hablando largo y tendido y me ofreció colaborar en el magazine que presentaba los fines de semana en una radio de ámbito nacional. De nuevo un trabajo sin cobrar, pero me dio la oportunidad de trabajar en una radio, en Irlanda y lo más impactante: Hablar por la radio. Algo que un año atrás jamás imaginé qué haría”, reconoce.

Su nivel de inglés mejoraba, los títulos así lo confirmaban. Pero el trabajo remunerado parecía no llegar. Aitor pudo exportar su paro a Irlanda y mantenerlo durante seis meses pero en noviembre de 2010 se quedó sin ingresos. Quería quedarse allí. En el horizonte apareció una nueva oportunidad laboral, pero una vez más sin cobrar: “A pocos días del final del plazo que me había dado a mí mismo para volver encontré trabajo en un hostal en el que a cambio, te ahorrabas pagar alojamiento. No era mi salvación, pero tenía un sitio donde vivir y un colchón de tiempo para buscar el tan ansiado trabajo remunerado”. Allí compartía habitación con otras cinco personas, otra cosa más que “jamás creí que haría”, añade.

La estabilidad deseada
Por fin, el trabajo llegó. Aitor fue contratado en un restaurante y durante cuatro meses lo compaginó con el hostal. “Perdí varios kilos pero fue de las experiencias más increíbles de mi vida. Pasé cuatro meses preparando postres, descargando cajas y fregando perolas del tamaño de Anoeta”, dice. El trabajo le dio la estabilidad económica necesaria para quedarse en el país, aunque él tenía claro que era algo ocasional.

Y así, sin dejar de creer, llegó la oportunidad que tanto había buscado. En noviembre de 2011 empezó a trabajar en la empresa en la que sigue a día de hoy: ezetop. Se trata de una web de recargas online. “Doy soporte a cliente; si bien no son entrevistas, me paso el día a golpe de mail, leyendo, redactando y hablando por teléfono”, explica. “Dejé el hostel y me mudé a una casa; y después a otra…”

Echando a la vista atrás admite que tuvo suerte de conocer gente que trabajaba tanto en el hostal como en la empresa donde trabaja, y así poder enterarse de que necesitaban gente. “Lo mejor es que mi nivel de inglés y mi CV habían mejorado durante mi estancia en Irlanda y pude aplicar todo lo que había aprendido a la hora de hacer una entrevista de trabajo”, subraya. El empleo en el restaurante lo encontró a través de Internet.

Después de cuatro años en Irlanda, Aitor no se plantea volver: “Más allá del trabajo, he seguido haciendo las cosas que más disfrutaba. Desde hace dos años y medio soy miembro de una banda de música y he conocido a gente maravillosa. Hablo con mis padres dos veces por semana y me encanta volver de visita, pero aterrizo con la misma sonrisa con la que después cojo el avión para volver a Dublín”.

Desde suelo irlandés no le gusta lo que ve de su tierra natal. Cada vez que España sale en televisión, afirma, es porque el Real Madrid o el Barcelona han jugado o porque hay una nueva sombra de corrupción en el Gobierno o ha habido una carga policial. Las visitas que llegan allí se sorprenden al oírle a él y a sus amigos hablar de trabajo, jefes, turnos, compañeros… “Cuando lo que escucho cada vez que estoy de visita es los recortes que a uno le hacen, el despido de alguien o la suerte de trabajar que tienen algunos”,lamenta. Todos los días llega gente a Dublín, continúa. Gente que hace su mismo recorrido.

Su mensaje es contundente: “A los que conozco, les remito a estas líneas, para que sepan que puede que no sea sencillo, pero no es imposible. Yo he encontrado una estabilidad que me hace disfrutar del día a día de esta ciudad.

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