Las maletas como salida

By | 09/04/2015

Es una circunstancia que se repite demasiadas veces en los tiempos que corren: Acabar la universidad y encontrarse ante el más desolador de los solares, el más desquiciante de los vacíos. Finalizar los estudios, celebrar el logro y que la puerta no sólo no se abra si no que tampoco entre un resquicio de aire por las ventanas. Es el muro con el que topan una y otra vez los jóvenes de un país que, cada vez más, asumen que hacer las maletas es de lo poco que les queda.

Paula Molina, gaditana afincada en Galicia durante sus años universitarios, cuenta con un título de FP de integración social y la carrera de Trabajo Social en su currículum vitae, así como experiencia profesional “de dos veranos como camarera”, añade. Nos escribe desde Oxford, hasta donde ha ‘huido’ para poder acceder a un empleo: “Sabía que en Inglaterra encontraría trabajo aunque fuese de lo más básico, y también sabía que aquí tengo oportunidades de aprender el idioma y avanzar en mi vida profesional”.

La idea de emigrar fue lo que le mantuvo el ánimo cuando, al acabar los estudios, no había ningún trabajo para ella. Buscó empleo de camarera, de dependienta y también en los servicios sociales, pero nada. “Fue duro porque acababa de terminar la carrera y de pronto me vi sin hacer nada. Me hice pronto a la idea de que me iba a ir con mi pareja a Inglaterra y me animé pensando en ello”, confiesa.

¿Por qué Oxford? Porque allí ya había un trabajo de enfermero para su pareja: “Me vine con él y sabía que podría encontrar trabajo fácilmente”. Dicho y hecho: en dos semanas logró un empleo en un McDonald’s de la ciudad, “algo muy básico, pero para empezar y con mi inglés no está mal”, reconoce. Molina nos explica que en Inglaterra hay más oportunidades laborales: “Si te lo curras y ven que eres capaz encuentras trabajo de lo que quieras”. En una misma calle, nos cuenta, puede haber 10 carteles anunciando que se buscan camareros, dependientes, etc.

Además de entregar su currículum en esos establecimientos, esta joven de 25 años también se apuntó a ofertas de trabajo online. “En España usé además las ETT pero no sirvió de nada”, lamenta. Y, por fin, obtuvo la recompensa que buscaba: primero hizo una entrevista de trabajo para un restaurante tailandés “pero no quise aprenderme todo un menú en tailandés”; y después realizó otra, esta vez con un resultado satisfactorio, para McDonald’s: “Se amoldan muchísimo a las personas que tienen un nivel bajo de inglés y me sentí muy cómoda en todo momento”, agradece.

Desde Oxford no olvida su tierra natal, Cádiz. Pero la situación no puede ser peor allí: “Es el lugar donde existe mayor porcentaje de paro de Europa. Hay mucha hambre y gente desesperada por trabajar que incluso aceptan trabajos sin contrato, con un sueldo mísero como, por ejemplo, 3 euros la hora como camarero. Los servicios sociales están abarrotados”, denuncia. Y ella no es nada optimista: “No creo que la situación mejore en España, debe haber un gran cambio para que eso suceda, pero no creo que pase”.