Y de repente… Irlanda

By | 29/01/2015

Muchas veces, uno tiene muy claro el camino que quiere seguir en la vida; la profesión a la cual se quiere dedicar. Este es el caso de nuestra Valiente de esta semana: Miriam tenía claro que quería ser profesora y trabajar en la escuela pública “por vocación, por convicción de que el cambio empieza por los niñ@s, que serán los adult@s del futuro y que se merecen, igual que lo merecíamos tod@s, la mejor infancia que podamos darles”, sentencia. Para ello cursó la diplomatura de Magisterio y un máster de Psicopedagogía. Recuerda que “tuve el lujo de no necesitar trabajar durante la carrera y pude dedicarme a mi formación, cursos y prácticas”. Eso sí, todo el mundo necesita una experiencia y ella la tiene en “educación infantil, primaria y, actualmente trabajo como niñera con vistas a abrir un servicio de día”. Pero eso, no será en su casa. Sino en Irlanda, donde actualmente reside desde hace más de dos años.

Un número
Hasta allí el camino ha sido largo; y es que Miriam recuerda haber pasado la fase por la que todo estudiante pasa, “el momento esperado y temido en que acabas tu carrera (o tu máster) y no sabes qué hacer con tu vida…”. Ella nunca ha estado sin empleo ya que “supongo que no cuenta como quedarse en el paro si no has trabajado previamente, al menos, legalmente” bromea. Como hemos mencionado, siempre tuvo claro que quería ser profesora en la escuela pública pero, para conseguirlo, hay que sentarse “a esperar una llamada telefónica para conseguir un primer trabajo”. El lado negativo de las listas es que “sólo eres un número” explica; “lo poco que podía hacer para mejorar ese número ya lo había hecho. La única forma de modificarlo es trabajar dentro de la borsa de interinos…es decir, esperar a que te llamen y no decir que no, sea la situación que sea (cualquier tipo de jornada, lugar y periodo de tiempo)”.

En 2012 y con 21 años, llevaba un año de espera en las listas con un número bastante elevado, pero suponía que “como mínimo, me quedaba otro año de esperar”. Ante esta tesitura Miriam tenía dos opciones: buscar trabajo fuera del ámbito público, con el riesgo que ello suponía, o “intentar hacer algo que me diera ventaja sobre el resto en las listas”. Tras un proceso de investigación y meditación, decidió que los que tenían más oportunidades eran los maestros de lengua extranjera: “si añadía el título de inglés la siguiente vez que se pudieran modificar los datos, quizás podría tener alguna posibilidad más”. Por eso, analizando todas las circunstancias que se le presentaron decidió que lo mejor era “pasar un año en otro país de habla inglesa y volver con mi título bajo el brazo y un nivel de inglés con el que yo me sintiera cómoda”. Esta decisión se sumó a un deseo que siempre había tenido: la de vivir en el extranjero.

Y de repente… Irlanda
Su situación económica no era la mejor cuando decidió emigrar. Por eso, se centró en la posibilidad de ser aurpair. Su búsqueda de trabajo le dio resultados muy pronto: “encontré a una familia que me acogió para trabajar un total de 20 horas semanales a cambio de alojamiento, comida y 450€ al mes en concepto de “pocket money”, es decir, una paga semanal. Acordamos que me quedaría con ellos un año”. El plazo fijo que se había macado le permitió, además, adaptase al país, aprender sus costumbres, conocer gente, etc. Y es que ella no tomó la decisión de a dónde ir: “ellos me escogieron a mí y yo los escogí a ellos, la elección de la ciudad fue inicialmente algo circunstancial”.

Ante esta perspectiva, la idea de Miriam de irse fuera de España era algo temporal. Hasta que tomó la decisión de quedarse: “encontré mucho más. Me acogieron con los brazos abiertos, conocía a una tribu enriquecedora y de la que me siento muy orgullosa (mi red de amig@s aquí es multicultural y multiedad), una oferta social y cultural fantástica y una pareja”. Todo esto le supuso “un cambio radical de planes”. No sólo por lo que dejó en Cataluña, sino también a nivel profesional, “porque, además de saber que en Irlanda me será muy complicado trabajar en una escuela de primaria, el país me ha proporcionado una visión de la primera infancia muy distinta a la que tenemos en España que me ha hecho replantearme muchas cosas, incluida la necesidad de trabajar dentro del sistema de la escuela pública” sentencia. Además, ha decidido dedicarse a ser ‘madre de día’: “una figura profesional que acogen en su casa hasta 5 niños en edad preescolar. Proporcionan al mismo tiempo un ambiente familiar y todos los beneficios de un centro de educación infantil, con una ratio reducida y, por lo tanto, una atención más personalizada” aclara.

Todos estos factores, hacen que Miriam no se plantee volver: “Me emancipé ‘del todo’ cuando me vine a vivir a Irlanda. Para mí, ahora mismo, volver a España sería volver a empezar a aprender todo desde cero, un poco como emigrar a tu propio país” explica. Asegura que se encuentra en una situación muy cómoda que le permite disfrutar de ambos mundos: “puedo ir a España de vacaciones y vivir y desarrollar una carrera profesional en Irlanda”.

Sin “titulitis”
Desde que está en el país irlandés ha notado muchas diferencias laborales comparadas con las de aquí, empezando con que “la actitud hacia el trabajo es muy distinta”. El Salario Mínimo Interprofesional es uno de ellos: 8,65€/hora, “esto quiere decir que la gran mayoría de las personas con un mínimo de experiencia y cualificaciones, cobran de 10€/hora en adelante. Con lo cual, el punto de partida es muy distinto” explica. Otro de los elementos diferenciadores es que en Irlanda no existe la famosa “titulitis” que sí la hay en España: “el CV empieza por la experiencia laboral, no por los estudios. Y el nivel de inglés no importa siempre que puedas demostrarlo”. Sin embargo, son las referencias las que se llevan la mayor parte de la atención: “tienen mucho peso. Para cualquier trabajo es recomendable tener, al menos, dos o tres referencias con un número de teléfono al que puedan llamar” comenta Miriam.

Las entrevistas son otro elemento curioso en el mundo laboral de Irlanda. Miriam ha tenido cuatro trabajos desde que está en el extranjero y ha hecho unas cuantas. Afirma que ha sido “una experiencia interesante. Tener que ‘venderte’ te pone a prueba: autoconocimiento, autocrítica…”. Nos cuenta que los entrevistadores siempre han sido amables y pacientes: “en el CV irlandés hay un apartado de hobbies e intereses al final, que la persona que te entrevista usa para entablar conversación y romper el hielo. Eso ayuda a sentirse a gusto”. Otra característica que le han valorado positivamente es el hecho de contestar a sus preguntas en su tercera lengua. Y para que quede constancia la importancia de las referencias, Miriam aclara que “en todos los casos han llamado a todas y cada una de las mías”. Asegura no tener ninguna queja en el proceso de selección, y eso que no son nada simples: “para mi actual trabajo pasé un proceso de selección de tres entrevistas + una prueba de un día + un período de orientación de tres días y un período de prueba de seis semanas”. Casi nada.

Optimismo en Irlanda
Desde el país verde, Miriam nos cuenta que “oficialmente están saliendo de la crisis desde el año pasado, aunque para la gente de a pie es difícil ver diferencia alguna”. Cree que sabiendo idiomas no debería haber problema para encontrar un empleo allí. Por desgracia, la situación en su entorno en España no es positiva: “vivo en un barrio trabajador y humilde y la crisis ha afectado enormemente. Mi madre lleva muchos años en paro y estando en la franja de los 45, se teme que no va a encontrar nada. Mi padre conserva su trabajo pero a base de soportar todo tipo de despropósitos”. Y sentencia con una frase demoledora: “Todavía conozco a mucha más gente sin trabajo que trabajando”. Sus compañeros de carrera no viven una situación mucho mejor: “están empezando a trabajar ahora como sustitutos, y llevamos desde 2011 en las listas”. Ante esta perspectiva afirma que “me resulta más fácil ser optimista respecto a que la situación mejore en Irlanda que en España, creo que para eso todavía falta tiempo y muchos cambios”. Y le reafirma en su decisión de quedarse en el país porque “viviendo aquí puedo tener planes de futuro y un trabajo que adoro y que me permite vivir bien”.

Eso sí, la emigración afecta a todos los países europeos por igual. Miriam se despide contándonos una anécdota: “un día un amigo finés me dijo que aunque encontrara un trabajo mejor en otro país, no lo aceptaría porque quiere devolver a su país la gran inversión que hizo en su educación y en su formación como persona. A mí me gustaría, en el futuro, encontrar una forma de devolver a mi país todo lo que invirtió en mi educación (que fue mucho) aunque sea desde el extranjero”.