Afrontando las adversidades

By | 07/05/2015

La historia de la Valiente de esta semana nos enseña que, a veces, para conseguir lo que una quiere hay que seguir el camino difícil. Hilda Figueroa, una joven de 29 años, tuvo claro desde niña que “lo mío eran los idiomas. Mi sueño siempre ha sido viajar a otros países y estudiar”. Es por ello que al terminar los estudios de bachillerato, y ante la necesidad de trabajar porque “mi padre no podía costearme una Universidad, me presenté a varias Universidades públicas albergando alguna esperanza de que me contrataran. Pero, tristemente, no pasé a ninguna” relata.

Ante esta tesitura, Hilda cuenta que consiguió su primer trabajo en el año 2007 en un call-center. Es la primera vez que nos topamos con alguien que ha tenido este tipo de empleo; y la experiencia de nuestra Valiente no fue nada positiva: “estuve 4 meses. Las jornadas de trabajo eran interminables, no había ningún descanso, no podía salir a almorzar o tomarme un descanso para ir al baño. Fue una época difícil que me hizo hasta perder peso”. Tras unos meses y por su propio bien, Hilda decidió renunciar.

Nuevas oportunidades
Afortunadamente, sólo estuvo dos meses en el paro. Tras este periodo de tiempo encontró un buen trabajo en otro call-center pero, esta vez, era un banco el que estaba detrás: “Estaba tan contenta por el salario. Además ingresé en un grupo de música y el banco me pagó las clases de cantó. Fue una experiencia muy bonita”, recuerda Hilda. Tras casi dos años en la empresa, ésta decidió prescindir de sus servicios lo que fue “devastador” para ella porque “me deprimí mucho. Pero seguí luchando” sentencia.

En el año 2009 obtuvo un trabajo en una multinacional donde pudo obtener de “los turnos rotativos, un mejor salario y pude conocer gente maravillosa. Disfrutaba mucho con ese trabajo” comenta. Esta estabilidad le permitió empezar a ahorrar para viajar al extranjero; al mismo tiempo, empezó a estudiar inglés. Aunque todo pintaba de color de rosa, tuvo que pasar por una experiencia negativa en su puesto de trabajo, lo que terminó con su jefe en la calle. Tras este negativo episodio Hilda continuó en la empresa hasta que, finalmente, en 2012 volvió a quedarse en el paro: “sentí que el mundo se me derrumbaba, sueños rotos” sentencia.

Desde entonces, Hilda hace repaso de su experiencia laboral y comenta que sólo ha tenido 5 trabajos, todos ellos con un salario mínimo y donde ha durado en cada uno de ellos poco más de un mes: “las razones para mis abandonos son que el ambiente laboral no es muy agradable. La presión, la humillación, la falta de humanidad…” recuerda. Todas estas sensaciones dan a entender lo difícil que puede ser la labor en un call-center.

La formación como salida
A día de hoy, Hilda continúa con la búsqueda activa de empleo: “me apunto a muchas ofertas acordes con mi perfil pero de las pocas que me llaman, me realizan entrevistas, pruebas… hasta que me dicen que me van a contratar y nunca lo hacen” comenta enfadada. Asegura que teniendo los papeles al día y superando las pruebas que te realizan es muy difícil “que te cierren puertas”. Afirma que ha llegado a cansarse y darse por vencida, pero a pesar de todo sigue luchando.

Mientras tanto, y para llenar su rutina, Hilda se ha volcado en los idiomas y está estudiando inglés e italiano, además de un curso de digitalización: “esto me ayuda a mantener mi mente un poco ocupada mientras sucede el milagro de obtener un empleo con un salario justo que me permita ahorrar y explorar nuevos horizontes” sentencia.