Author Archives: Iria Rodríguez

El camino de emprender

La crisis ha llevado a muchos parados a emprender. Algunos, los más afortunados, apenas han necesitado algo más que un ordenador y una conexión a internet mientras que otros han tenido que realizar una gran inversión económica para su negocio, ya sea dentro o fuera de la red. Pero todos ellos tienen en común el hecho de asumir un riesgo que determinará su futuro y un esfuerzo titánico. Para muestra de ello nuestra valiente de hoy: Una joven de 34 años que hace tan sólo un mes que ha lanzado al mundo su tienda online de artículos originales, Sitemola.com.

Ainhoa es licenciada en Bellas Artes y diseñadora gráfica desde el año 2006 y se quedó sin trabajo en 2013. “Atacaba la crisis, comenzaron los meses sin sueldo y un ‘ya te pagaremos cuando podamos’”, recuerda. Y así llegó el día en que en vez de ir a trabajar a esta joven irundarra le tocaba ir a la cola del INEM. Con una hipoteca que pagar y la celebración de su boda a la vista, fue un duro golpe, pero reconoce que se cobijó en la idea de afrontarlo como un parón para planificar el enlace con tiempo: “Al mes de volver del viaje dábamos la gran noticia a los familiares: estábamos embarazados”.

Paralelamente a su proyecto familiar Ainhoa comenzó a estudiar otro proyecto profesional. Sitemola fue el resultado de la evolución de diversas ideas de trabajo que surgieron de la asistencia a cursos y actividades en Bidasoa Activa. El camino no lo comenzó sola: fue de la mano con un compañero que había salido de la misma manera y de la misma empresa que ella. “Comenzamos a desarrollarlo juntos pero finalmente separamos nuestros caminos para dedicar nuestro tiempo a lo que creíamos que teníamos que hacer: trabajar por alcanzar nuestras propias metas”, explica.

En todo este proceso Ainhoa ha contado con dos pilares que le han ayudado a llevar el proyecto a buen puerto: La agencia de desarrollo Bidasoa Activa y su marido. “En Bidasoa Activa he podido ver que “se puede” si se quiere”. El primer curso en el que participó, De la idea a la empresa, fue vital para ella. Nos cuenta cómo presentar su idea de negocio a los que fueron sus compañeros le ayudó a verla desde otras perspectivas: “Durante el curso se hablaba desde la propuesta a la puesta en marcha, de papeleos, de publicidad en redes sociales y de financiación. Muy recomendable desde el principio hasta el fin aunque puedes terminar con una idea de negocio que no era la inicial”.

El otro pilar en este largo camino a sido su marido: “Él siempre ha sido mi apoyo y mi compañero de fatigas en este proyecto. Pero todo hay que decirlo, si no fuera porque en casa entra su sueldo no podría haber invertido lo que he invertido en Sitemola”. No ha sido fácil; “todo es desembolso tras desembolso”, destaca. Y eso que, dadas sus circunstancias personales, ha tenido la suerte de no tener que pedir un préstamo y poder invertir parte de la prestación de desempleo en su negocio: “La parte informática se ha quedado en casa porque he recurrido a los conocimientos de mi marido para crear y modificar partes de la web que yo no sabía hacer. Tener un marido ingeniero informático en casa es como tener un McGiver de los ordenadores -por lo menos desde mi punto de vista- y ahorra gastos”.

Optimismo y realidad
Finalmente el pasado mes de octubre veía la luz Sitemola, una tienda online en la que se pueden encontrar artículos originales para regalar o auto regalar, matiza. “Me gustaría que toda persona que se pregunte ¿qué le puedo regalar a fulanito? encuentre respuesta en Sitemola”. Durante este primer mes Ainhoa ha ido completando poco a poco la oferta de su web, donde por el momento pueden encontrarse artículos para la casa y la oficina, para cocineros, prácticos, nostálgicos, estilo vintage…

Al preguntarle cómo ve el futuro a corto plazo a una emprendedora que acaba de sacar a la luz su negocio nos sorprende la fuerza de su optimismo. “Soy optimista por naturaleza así que lo que tengo que hacer es trabajar y moverme todo lo que pueda para que este proyecto saque sus frutos”, afirma. Trabajo, precisamente, no le va a faltar: “Muchas personas tienen la errónea idea de que tener una tienda online consiste en montar una web con productos y esperar a que vengan los compradores. Y nada menos cerca de la realidad”. Ahora toca darse a conocer, hacer publicidad en todas las redes sociales y con todas las herramientas que estén a su alcance. “Invertir y convertir a los posibles clientes en clientes fieles”, sentencia.

Eso sí, el optimismo de nuestra valiente no llega exento de quejas: “Me parece increíble que para comenzar haya que hacer inversiones excesivamente serias. No entiendo por qué existe una cuota fija de autónomos. Si por mí fuera los autónomos pagaríamos en base a nuestra facturación”, reclama. Ainhoa cree que hay más emprendedores de los que se conocen pero que la mayoría no se atreve o no puede dar el paso por falta de solidez financiera. “Escucho constantemente que cuando te caes tienes que volver a levantarte. Sin embargo parece que esto sólo puede pasar en otros países porque aquí si quieres emprender te la juegas. Y si sale mal es casi imposible encontrar financiación para comenzar con un nuevo proyecto. Es triste porque seguramente muchas buenas ideas se quedan en el tintero”, lamenta.

Carreras a la espera

A sus 31 años Iñaki García se enfrenta por primera vez al mercado laboral, tras una trayectoria sobresaliente como estudiante. Diplomado en Magisterio, licenciado en Química con un máster en Química y Polímeros, este irundarra ha pasado los últimos veranos trabajando como director de colonias pero es ahora cuando se enfrenta a los currículums, las ofertas de trabajo que no aparecen y a Lanbide. Todas sus esperanzas están puestas en una beca que le permita dar el salto al doctorado en la universidad y, mientras espera, nos cuenta sus primeras impresiones en este “mundo del desempleo”.

García nos relata su currículum académico: “Primero empecé una carrera que tuve que abandonar por cuestiones de salud, cursé después Magisterio de Primaria y al acabar decidí dar el salto a Ciencias Químicas”. Tras la licenciatura de cinco años ha cursado un máster de Química especializado en polímeros; y ahora “estoy a ver qué pasa”, concluye.

Su aproximación a ambas realidades laborales ha sido a través de las prácticas universitarias. En la facultad de Químicas éstas se realizan en la misma institución; en magisterio, en cambio, tuvo la oportunidad de trabajar en colegios, una experiencia “muy buena”. Al final, añade, “es cuando sales de la facultad y te enfrentas a 30 niños cuando más aprendes”. Con todo, tiene claro que a largo plazo su vocación es la docencia; pero una vez introducido en el mundo de la investigación reconoce que le gustaría ahondar unos años en esta profesión.

Así pues, teniendo en cuenta que su ambición es progresar en el mundo de la investigación, el siguiente paso estaba claro: García ha solicitado una beca para realizar el doctorado. Una decisión que conlleva prolongar su vida de estudiante pero, a la vez, dar un salto personal cualitativo: Su iniciación en el mundo laboral. Y es que hablamos de una beca remunerada en la que el estudiante cotiza a la seguridad social; prorrogable, además, por tres o cuatro años, otorgando así una cierta estabilidad. “El sueldo no es alto pero te permite realizar el doctorado, ayudar al grupo de investigación y contar con otro título más”, agrega.

Un sector difícil
Y es que la ‘titulitis’ española no tiene fin y más en determinados sectores: “En Químicas nos han repetido muchas veces que las empresas piden licenciados con máster como mínimo y a veces, incluso, exigen el doctorado”. Paradójicamente, destaca que algunos de sus compañeros de licenciatura y máster cursan ahora el grado de FP porque en muchos empleos “trabajas como químico pero te pagan como técnico químico y te contratan sólo si eres técnico, aunque seas licenciado”.

No es un sector fácil. Tras el doctorado García confiesa que sería harto complicado mantenerse en la universidad y en lo que respecta al mundo empresarial, las opciones son pocas: “En País Vasco y Cataluña el sector es un poco más amplio que en el resto del estado, en Cataluña más. Aquí en casa tenemos, por ejemplo, empresas centradas en el sector del caucho, pero no hay mucho campo”.

La situación es muy diferente en Europa .“En la universidad nos mostraron las ofertas de trabajo: En el Reino Unido mil y pico; en Alemania, 700 y pico: en España, dos”. Ante esa tesitura y teniendo en cuenta que las becas para el doctorado son escasas y muchos los solicitantes, le preguntamos por la posibilidad de emigrar. “Lo está haciendo mucha gente”, afirma, “pero yo no me lo planteo”. Admite que ya se ve mayor para hacer las maletas. “Me ha venido todo un poco más tarde que a los demás. He hecho la carrera con jóvenes de 23-24 años. A ellos les veo más iniciativa de irse fuera, no tienen tantas ataduras”. Aunque deja claro que si finalmente se diera la oportunidad no se cerraría. “Pero como primera alternativa no la contemplo”, reitera.

Nuevo en Lanbide
Iñaki García espera y desespera a que en el próximo mes de enero salga la resolución de la beca que decidirá, o no, su futuro a corto plazo. Mientras, ha comenzado su iniciación en el mundo del desempleado. Ha desechado la opción, por el momento, de buscar empleo en la docencia: “No he querido llamar a la puerta de colegios concertados y privados ante la posibilidad de tener que dejarles tirados si me conceden la beca”, dice. Y no hay mucha más posibilidad en los colegios públicos: “No se abren listas”, sentencia.

Así que el primer paso, como en cualquier caso, ha sido conocer Lanbide. “La primera vez fue un caos porque había otra persona con mi número de DNI y ha complicado mucho los inicios”. Este joven nos explica que Lanbide tiene un servicio integrado en la propia universidad que facilita la transición: “Cuando acabas el máster te llaman y te dan de alta, te ayudan a hacer el currículum, las cartas de presentación, etc.”. Un servicio que valora muy positivamente, aunque duda que por esta vía encuentre una oferta trabajo de su formación porque las empresas del sector buscan en la propia universidad o por otras vías a sus candidatos.

Nos llama la atención uno de los consejos recibidos: “Nos recomiendan que hagas currículum específicos para cada empresa, que te enteres bien de qué buscan y que no incluyas información ‘de más’, porque eso les echa para atrás”.

Defensa de la educación
Puede que el de Iñaki García sea un caso atípico pero lo cierto es que, como él asevera, “nunca se sabe lo que te va a deparar la vida”. Él es un acérrimo defensor de la enseñanza y cuando se le pregunta si merece la pena tanto esfuerzo para toparse con el vacío ante el que se encuentran él y sus compañeros él lo tiene muy claro: “Yo animo a estudiar a todo el que quiera y a formarse bien, luego la vida dirá lo que pasa, pero creo que tendrás más oportunidades. Debiera ser así”, alega. Además, comenta que en estos últimos años cada vez ha visto a más adultos regresando a las aulas “porque no encontraban empleo o lo que tenían eran trabajos precarios”.

Con todo, es crítico con la educación: “Debería haber una revolución muy grande, un pacto de Gobierno”, y subraya que él ha pasado por siete reformas educativas diferentes, algo que “no tiene sentido”. Habla del concepto 3+2 introducido recientemente. “Me gusta porque te ayuda a especializarte más, pero no tiene sentido que los últimos años haya que pagar como si fuera matrículas de máster, estamos volviendo a la élite universitaria”, denuncia.

Iñaki García aprende a hacer búsquedas en Lanbide, indaga empresas a las que pueda enviar un currículum maquillado y cruza los dedos para que el año nuevo le regale una beca que le permita dar ese salto que busca. Pero, mientras tanto, “no veo nada claro, todo está oscuro”, lamenta.

Actualización: Iñaki García nos ha escrito para contarnos que, mientras espera la resolución de la beca para el doctorado, le han contratado de la Universidad para trabajar como investigador los próximos tres meses. 

Emprender a la par

Emprender a la par: KalakaCada vez son más los jóvenes que apuestan por lanzar su propio negocio impulsados simplemente por la motivación de sentirse útiles, poder demostrar su valía y desarrollarse laboralmente. Lo vemos mucho en Valientes: personas que se lanzan al autoempleo por pura supervivencia, puesto que la alternativa que les queda es desesperarse en el desempleo. En estas circunstancias las agencias locales de fomento de emprendimiento son vitales y fue precisamente por esa vía como nuestras dos protagonistas unieron su destino profesional.

Nerea Uria e Ilazki Gainza son dos guipuzcoanas sobradamente preparadas y con experiencia pero que, como tantas otras personas en estos tiempos que corren, acabaron en la oficina de Lanbide. Uria, de 30 años, es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y lleva tres años en paro. Gainza, de 28, es licenciada en Humanidades: Comunicación y lleva año y medio sin trabajar.

Aterrizar en el paro con su formación, cierta experiencia laboral y toda una carrera profesional por delante les llevó a afrontar el periodo de sequía laboral como una oportunidad para seguir creciendo: “Hemos seguido formándonos y aprendiendo cada día. Nos hemos seguido informando y presentándonos a entrevistas de trabajo. El esfuerzo diario por mejorar personal y profesionalmente y el apoyo de la gente que nos rodea ha sido fundamental”.

Pero el tiempo pasa y uno siente estar perdiendo tiempo de demostrar su valía. “No sabemos si la situación mejorará o no, pero lo que tenemos claro es que no podemos estar esperando a que mejore y a que alguien nos ofrezca trabajo a cualquier precio. Somos dos personas que nos hemos forzado y esforzado por mejorar profesionalmente, por lo que merecemos un trabajo y sueldo digno y acorde a lo que somos profesionalmente”, sentencian. De esa necesidad surgió la idea de emprender: “Lo que nos animó a iniciar nuestro propio negocio fue, en parte, la situación del sector, el estar en desempleo y el querer crear algo acorde con nuestros valores”.

Uniendo proyectos
Uria y Gainza acudieron a una formación para emprendedores en KOOPeratzen. Presentaron su proyecto profesional individualmente pero con el paso de las semanas comenzaron a entender que ambas ideas eran compatibles. Y empezaron de nuevo de cero, pero juntas esta vez. “Veíamos grandes vacíos en la comunicación, tanto en la administración pública, como en pequeñas empresas o cooperativas. A su vez, vemos que la comunicación, en la mayoría de los casos, no respeta la perspectiva de género (ni en las imágenes, ni en los textos que se trabajan); lo que, para nosotras, es esencial”, explican.

Estas dos jóvenes valientes nos presentan Kalaka komunikazio parekidea – Kalaka comunicación y género; desde donde ofrecerán sus servicios de comunicación con perspectiva de género. O lo que es lo mismo: “Creamos planes de comunicación con sus respectivos contenidos y soportes. Ofrecemos un servicio integral y personalizado, por eso le damos mucha importancia a la comunicación cara a cara. Queremos ponernos en la piel de la empresa, la persona o la entidad pública y ofrecerle un plan de comunicación adecuado a sus recursos y objetivos”.

Pero no se quedan sólo ahí: “Ofrecemos asesoría tanto en temas de comunicación como en temas relacionados con cómo incluir la perspectiva de género en la comunicación que se desarrolle. Por último, queremos impulsar la reflexión y formar a las personas que lo requieran; por lo tanto, nuestro tercer eje es la formación, tanto en comunicación, como en la equidad”, finalizan.

Optimismo y realismo
Aún están en la fase inicial y la ilusión y las ganas son sus mejores aliados: Están deseando tener algún encargo, dicen, para poder darle vuelo a su proyecto. Y es que el optimismo es vital para poder llevar a buen puerto un proyecto personal: “Creemos que si no nos gusta lo que tenemos, está en nuestras manos crear alternativas que nos puedan solucionar los problemas. No pretendemos cambiar la sociedad, queremos cambiar nuestra vida profesional e incidir en lo que podamos en las personas de nuestro alrededor, en las personas de nuestros pueblos y ciudades.”

Un optimismo no exento de realismo, y es que la situación lo requiere. “Sabemos que la situación económica es complicada y somos conscientes de ello”, reconocen. Pero confían en su trabajo y formación para poder llevar adelante su proyecto. “Haremos todo lo que podamos para que Kalaka sea una realidad en nuestras vidas, aunque, sabemos que parte del éxito está en manos de otras personas”, matizan.

Nerea Uria e Ilazki Gainza se conocieron en una formación para emprendedores donde les han ayudado a llevar adelante su idea de negocio. Pero más allá de ese apoyo elemental, ambas sentencian que no hay suficientes ayudas y las cuotas que hay que pagar son demasiado altas; lo que, a su juicio, desanima a empezar a hacer algo por tu cuenta. “La clave está en crear redes y apoyarnos entre nosotras”, afirman.

Valientes apuestan por el trabajo

El calendario nos señala algunas fechas con la intención de llamar nuestra atención sobre ciertas carencias o problemas de la sociedad. Así, cada 1 de mayo celebramos el Día Internacional del Trabajador y cada año lo hacemos con menos ánimo y más desasosiego mientras contemplamos cómo retroceden las líneas: la población activa continúa descendiendo, la esperanza se diluye, la fuga de cerebros se ha convertido en toda una pandemia y, por desgracia, el ‘afortunado’ que tiene algo que celebrar en tan señalado día observa amordazado el robo de sus derechos más fundamentales.

El 1 de mayo del año pasado quisimos hacer nuestro particular homenaje a los valientes que habían pasado por este blog con sus miedos, sus sueños, sus frustraciones y sus esperanzas. 12 meses después nos apetece repetir y recuperar las experiencias de los que en estos últimos 365 días se han desahogado con nosotras.

Lo cierto es que la tendencia es común: según avanzan los meses sin trabajar, la esperanza empieza a mermar. Así, hemos podido contrastar testimonios tan vitales como el de Naiara o Leticia con otros mucho menos optimistas como el de Oscar, a quien los más de tres años en el paro le pasan factura. Tampoco es mucho más halagador el discurso de Adrián que se quejaba de la falta de oportunidades laborales en cualquier sector por tener una formación superior: “No entienden que no se me caen los anillos por trabajar de cualquier cosa”

Emociones
El desempleo arrastra en su camino miles de emociones enfrentadas. Resignación, rebelión, temor, frustración, obsesión… Todas ellas han paseado por nuestras líneas en estos últimos meses. Ángela confesaba que le daba vergüenza contar que le habían despedido, aun siendo una decisión basada en la situación económica de la empresa. La resignación nos llegaba a través de las palabras de Lorena, que lleva años saltando de un contrato temporal a otro: “Lo importante es ir tirando”, confiesa.

Uno de los testimonios con más fuerza nos llegaba desde Andalucía, una provincia con una gran problemática respecto al paro en general y al paro juvenil en concreto. Jesús no acepta el futuro que le imponen y si no puede trabajar, al menos le queda luchar. “Yo he vivido inmerso en el paro desde que acabé los estudios”, relataba. “La transición fue muy natural: el 70% de las personas jóvenes en Andalucía está en paro, es habitual aquí”, explicaba. La obsesión es otra de esas emociones que emana del desempleo. La encarnaba a la perfección Iratxe, una parada enganchada a Infojobs. Afortunadamente para ella, y para su salud mental, no tardó en encontrar un nuevo puesto de trabajo.

A sus 30 años, Mikel ha vuelto a estudiar. Su motivación: buscar un reciclaje profesional y demostrar, a la vez, que el tiempo que está en paro no está parado, sino que invierte en su formación. Estudiar a los 30, confiesa, no es igual que a los 20. Ahora aprovecha mucho mejor las oportunidades.

Buscarse un futuro
Por Valientes han pasado en estos últimos meses muchas personas que han apostado por crearse ellos la oportunidad que nadie les da. Valientes que lo han hecho por vocación o por pura supervivencia, con pasión o con pragmatismo. Personas que se han visto abocadas a apostar por ellas mismas porque el mercado laboral ya no cuenta con ellos o no les ofrece el hueco que merecen. También con esas mismas motivaciones cada vez son más los que se montan un avión, ponen kilómetros bajo sus pies y, a pesar de alejarse de familia y amigos, nos envían retales de esperanza e ilusión.

En los tiempos que nos ha tocado vivir suena a locura dejar un puesto de trabajo. Pero al hablar con David, hiperactivo y emprendedor por naturaleza, una empatiza con su historia. Sólo dando ese salto al vacío podría desarrollar sus proyectos y evolucionar sus inquietudes. Tampoco pasa desapercibida la historia de Belén, una periodista de vocación que ha sufrido y peleado para conseguir llegar a donde quería, eso sí, lejos de su Madrid natal, en Berlín.

El mercado está saturado de profesionales cualificados por lo que emprender no tiene nada que ver con la literatura que arrojan desde muchos medios de comunicación. Buscar un hueco para crecer y lograr un sueldo decente requiere trabajo, dedicación, esfuerzo y, por supuesto, diferenciación. De eso nos hablaban Joseba y Asier. Éste último se ha llevado los pintxos donostiarras hasta Córdoba. En tan sólo un mes, el restaurante que regenta junto a su pareja en la ciudad andaluza ha tenido una gran respuesta. “Más que emprendedores somos aventureros”, confesaba. Y es que, a pesar de la berborrea política, no se hace nada por crear empleo. Emprender, destacaba, es una aventura en la que te lanzas al vacío sin red en la mayoría de las ocasiones.

A kilómetros de casa
Irlanda es uno de los destinos más recurrentes en este blog. Ainhoa nos explicaba que allí es feliz, aunque tiene claro que quiere volver para poder trabajar de lo que más le apasiona, la comunicación. Miriam, en cambio, no ve claro el regreso. En Irlanda encontró “más de lo que buscaba” a nivel personal y profesional. Esta catalana nos cuenta las principales diferencias de España con el mercado laboral irlandés donde ella busca emprender con un proyecto de ‘madre de día’.

Pero los Valientes en estos últimos meses han llegado desde China, México, Inglaterra, FranciaOxford e incluso Indonesia. Demasiado talento emigrado buscando la oportunidad de mostrar su valía lejos de casa.

“Más que emprendedores somos aventureros”

La crisis ha obligado a reinventarse a propios y extraños; a reciclarse profesionalmente o a buscar alternativas que permitan mantener un presente o aspirar a un futuro. Periodistas, arquitectos, albañiles, fontaneros… Profesionales de todas las ramas han tenido que buscar una nueva ocupación. La vocación es, por lo general, la víctima de todo este proceso aunque a veces es posible reencontrar la pasión. Un pasión, eso sí, no exenta de la resignación propia de quien ha luchado por años por un hueco que nunca le permitieron conquistar.

Resignación e ilusión es, precisamente, lo que se extrae del discurso de Asier. Este guipuzcoano ha encontrado su hueco en el panorama laboral a cientos de kilómetros de su ciudad natal, en un sector que nada tiene que ver con el suyo y teniendo que generar él su oportunidad: “Un bar de pintxos en Córdoba. Así de sencillo, pero muy complicado a la vez”.

Su historia se remonta a su Donosti natal donde estudió Humanidades y Comunicación. “Trabajé unos años y luego sentí la necesidad de marcharme y mejorar mi inglés porque pensé que me vendría bien, todavía no había crisis y no pensé que pudiera haberla y que las cosas se pusieran tan mal”, reconoce. Asier dejó su trabajo y estuvo un tiempo en el extranjero. A su vuelta realizó un Máster de periodismo en el CEU, con prácticas en el diario Marca.

Tras el periodo de prácticas logró encadenar varios contratos temporales. “Era feliz porque me pagaban por hacer lo que me apasionaba”, destaca. Pero desafortunadamente un día llegó la mala noticia: Estando de vacaciones recibió una llamada para indicarle que tenía que acudir al día siguiente para firmar el finiquito. “Lo recuerdo como si fuese ayer”.

Supervivencia
Esta vez el panorama ya no era el mismo que cuando había dejado su empleo un tiempo atrás. La crisis ya había empezado aunque Asier pensó que no tardaría en encontrar un nuevo empleo. “Hice varias entrevistas, pero no cuajaron”, relata. Y el paso del tiempo hizo mella: “Cada mes te desesperas más. Además, en el momento que te sales de la rueda si no tienes nombre no cuentas, dejas de existir. Ya puedes mandar currículums que no te tienen en cuenta”.

El optimismo inicial desembocó en frustración. “Lo que más rabia da es apuntarte en un proceso y que ni siquiera te contesten. O creer que hay un puesto en el que encajas a la perfección y ni siquiera te llamen para una entrevista”, lamenta. Una situación que, poco a poco, fue afectando psicológicamente: “Cada día sin trabajar es un día perdido”.

¿Cómo acaba un periodista de guipuzcoano regentando un bar en Córdoba? Por supervivencia, confiesa. “Ves como a tu alrededor a la gente le va bien y prospera y tú cada día te metes más en el agujero”. Aunque la conexión norte sur tiene, en este caso, un punto de partida: Su pareja es oriunda de Córdoba. Ambos estaban en paro, surgió una posibilidad y no se lo pensaron: “Teníamos que apostar por nosotros ya que nadie se atrevía a hacerlo”.

Aventureros
El concepto es novedoso a la par que arriesgado. Pero la apuesta ha tenido, por el momento, un gran recibimiento. “Llevamos un mes abiertos y ha sido espectacular, mucho mejor de lo esperado”, afirma. Y es que los pinchos, con ch, han conquistado la ciudad; estos valientes han logrado ofrecer algo que no existía en Córdoba.

Cambiar de registro supone un aprendizaje en todos los aspectos. Asier confiesa que mucha gente le ha dicho eso de que la hostelería es muy dura y sacrificada. “Y no les falta razón”, apunta, “pero también muy gratificante”. Y es que el hecho de que un cliente regrese al día siguiente con sus amigos para que prueben algo que él comió “te alegra el día. Además, lo de trabajar seis días a la semana tampoco está tan mal, peor es estar la semana entera sin trabajar”, añade.

La apuesta y el riesgo es un reto personal. Las trabas, las barreras, son ajenas. “Más que emprendedores somos aventureros”, destaca. Asier denuncia la ausencia de ayudas a los que apuestan por sí mismos. “Es una vergüenza lo de este país y más aún viendo lo que sucede en el resto de Europa; me saca de mis casillas. Dicen que crean empleo pero no ayudan en nada a que se cree”, sentencia. Y es que el emprendedor ocupa hoy muchas líneas de ficción romántica e idealista en los medios de comunicación pero lo cierto es que “no queda otra”. Emprender, destaca, es una aventura en la que te lanzas al vacío sin red en la mayoría de las ocasiones.

Asier ha encontrado su presente ya que, por el momento, no mirá más allá de ir “partido a partido, que diría el Cholo”. No obstante, en su tono se percibe pesimismo sobre la situación: “Hemos tocado fondo y peor de lo que estábamos hace meses dudo que podamos estar. Pero este país necesita una limpieza, una regeneración de arriba a abajo. Si las cosas no se cambian cualquier otra crisis nos afectará de nuevo”, opina.