Aprendizaje y superación

By | 21/11/2014

El desempleo viaja con una maleta llena de emociones que alteran nuestra vida. Es imposible escapar de la frustración por no disponer recursos económicos para cubrir las necesidades más básicas o por no poder realizarse personal y profesionalmente. La falta de trabajo ahoga, pero obliga al ser humano a dar la vuelta a su mundo y a vivir en un continuo aprendizaje. El testimonio de Belén Kayser es, precisamente, una historia de aprendizaje y superación.

Incluso en los peores momentos nunca ha abandonado la determinación de trabajar en aquello que ama: el periodismo. Esta madrileña es una profesional decidida, cualificada y valiente, que no ha dudado en dar el salto cuando así lo ha creído conveniente; incluso aunque las circunstancias invitaran a lo contrario. Y, aunque el resultado no haya sido siempre el deseado, nunca ha dejado de pelear y luchar por su sueño.

“Acabé periodismo en 2006 y cursé el máster de El País en 2008. Me considero una persona muy afortunada, y a pesar de ello, ocho años más tarde, sigo sin poder dedicarme al periodismo de forma constante”, lamenta. Kayser nos cuenta que, al acabar la carrera, ejerció de teleoperadora en una agencia de publicidad en la que la contrataron como copy publicitario. Dos años después cursó el máster y trabajó, durante un año, en El País Galicia. “Como nunca viví fuera de Madrid, fue una experiencia que me apetecía a todos los niveles. Tuve muchísima suerte porque ejercí como periodista desde el primer día”.

Su siguiente parada fue en Terra Noticias, “una de las dos peores experiencias profesionales de mi vida a todos los niveles”, destaca. “A pesar de ello y porque la crisis -era el año 2010- estaba empezando a atacar con fuerza, aguanté dos años, hasta que me rendí y me cansé de pelear por ejercer como periodista”. Llegó entonces el momento dar dar el salto al mundo de la publicidad, aprendiendo la profesión de Community Manager.

Pero entonces apareció en su vida una oportunidad ineludible. Su pareja, que trabajaba en CNN+, se quedó sin empleo al cerrar el canal y fue contratado por una televisión alemana. Ante ellos se presentó una oportunidad única: “Yo había estudiado de pequeña en el colegio alemán así que me pareció excitante irme a vivir a Berlín con él”, confiesa. A Kayser le acompañó la suerte y consiguió un trabajo en Alemania antes de mudarse a su nuevo país.

Todo en contra
La experiencia inicial no fue como ella esperaba. El trabajo era de Community Manager y Kayser era la única senior en la empresa con un sueldo más bajo que sus compañeros “a los que además tuve que formar porque eran muy jóvenes y sin experiencia. Estoy hablando de una diferencia salarial de 700€ limpios”, añade. Las circunstancias económicas, el carácter poco creativo del trabajo y “que si ni quiera trabajaba en alemán” fueron el detonante que empujaron a esta madrileña a dar el gran salto: “Decidí que era el momento, que debía intentar ser freelance desde allí porque llegaban las elecciones alemanas. El mundo miraba a Alemania y yo creía poder aportar mucho”.

“Fue duro”, admite. Los medios de comunicación ya tenían gente en Alemania, compañeros de profesión que no se mostraron muy abiertos a ayudarle. “Fue duro encontrar muros entre compañeros”, recuerda. Pero ella estaba decidida y, mientras sus ahorros se esfumaban en el alquiler de la casa, acudió a clases intensivas de alemán; imprescindible para desempeñar su trabajo. Una situación personal que, asegura, no hubiera sido viable sin vivir con su pareja. “Finalmente tuve que tramitar mis papeles del paro”, relata.

“En Alemania te retienen 3 meses del dinero total si dejas un trabajo voluntariamente, como penalización”, explica, “así que tuve que esperar tres meses donde prefería no gastar ni en café ni cine ni cerveza ni en supermercados que no fueran de oferta”. Los ahorros se quedaron a cero y ella estaba deprimida: “Cogí peso, lloraba por todo, me sentía insegura e inútil. No salía de casa”, reconoce.

Una ventana desde Alemania
Fueron muchos los ‘noes’ que recibió en esos primeros meses. En ese tiempo, Kayser colaboraba con una sección de El Viajero de El País en la edición digital, con un aporte económico “que rozaba lo indignante”. Y, mientras le cerraban puertas, ella decidió abrir una ventana desde Alemania al mundo: Desde Merkeland es el nombre de su blog, una bitácora que narra lo que de España se dice en la prensa alemana.

Aunque su vida laboral estaba aún lejos de donde ella soñaba, esta periodista comenzó a recuperar las buenas sensaciones: “La vida a veces tiene trucos extraños para hacerte ver más allá. Y fue precisamente por un monográfico en el que se suponía que iba a trabajar pero que no vio la luz, que yo empecé a verla. Además, una buena amiga me arrastró a clase de yoga. Con mi primer mes de paro me compré una bicicleta y con el resto me pagaba las clases de alemán. No empezaba a ver la luz, pero sí a sentirme feliz”. Las clases diarias de alemán, el yoga y la bicicleta le ayudaron, afirma, a cambiar su mente, a ser más positiva, a recuperar la esperanza y sobre todo, a aprender mucho sobre sí misma.

Gracias a la producción de ese monográfico conoció a una persona que, “literalmente”, le rescató: le propuso impartir clases de escritura creativa en Berlín, disciplina que Kayser había estudiado; y, a pesar de los miedos iniciales, se lanzó. “Esto coincidió con una noticia que sacó La Sexta sobre unos jóvenes españoles varados sin trabajo en Erfurt. Infolibre, un medio que me encanta, no tenía a nadie en Alemania y les propuse el tema. Salió bien. Escribí una cobertura muy amplia”. La revista Forbes también se interesó por sus temas. Y ella seguía con sus clases diarias de alemán. “Me sentí muy orgullosa el día que conseguí hacer sola mis trámites de autónoma en Hacienda”, agrega.

“Todo ayuda”, reflexiona. De su experiencia con la sección de El Viajero de El País salió una nueva propuesta para un proyecto nuevo, Ballena Blanca. “Y, gracias a aquello, meses después Jot Down me pidió escribir allí. Era un sueño. Las cosas empezaban a marchar”. Entre las clases de escritura y los artículos aún le faltaba un poco para poder pagar las cuotas de autónoma y, para alcanzarlo, logró un trabajo como acomodadora en la Konzerthaus de Berlin. “Amé ese trabajo con todo mi corazón”, sentencia.

El sistema laboral alemán, explica, te permite tener varios trabajos a la vez porque el horario es estricto, lo que además permite organizarte la vida. “Y si no ganas más de 17.500€ limpios al año no pagas impuestos ni facturas con IVA. Sólo pagas seguridad social”. Belén alega que “el periodismo tal como lo conocimos no existe. He llorado por ello y me he puesto mal por eso durante años”. Ahora, de vuelta en Madrid, reconoce que “siempre quiero volver al periodismo y siempre seré periodista”.

Aprendizaje
“La mía es una historia de casualidades pero sobre todo de aprendizaje brutal a todos los niveles”, concluye Belén Kayser: “Estos dos años han sido los más duros de mi vida. El verano pasado murió mi tío, que era como un padre para mí; y en Navidad, mi tía abuela, después de una larga enfermedad que desgastó a mi familia. Era como si la vida real me estuviera poniendo a prueba constantemente. Pero lamentablemente fue en el momento en que yo era más feliz en Alemania, cuando tenía amigos, un profesor de alemán al que adoraba, una casa preciosa, tres trabajos a cada cual mejor… Cuando todo se fue a la mierda. A mi padre le diagnosticaron un cáncer y decidí volverme a mi país y dejarlo todo literalmente de un día para otro”.